martes, 31 de mayo de 2022

Cuidar y cuidarme (200/365)

Siento, sobre mi pantorrilla derecha, el corazón tranquilo de mi perra. Siento, sobre mi cuerpo, el peso de su cuerpo dormido. La casa es silenciosa a esta hora y las cosas que ha dejado el día ya se apilan en las cestas del cuarto de ropas. 

Mi cuerpo, cansado y enfermo, busca calor en el calor de este otro ser; ser canino que me lee el pensamiento y se echa, dócil y amoroso, en mi regazo. Estas pequeñas emociones de cuidar y ser cuidada, le dan sentido al frenesí que he bautizado con mi nombre. 

Es martes en la noche de una semana cualquiera y yo descubro un nuevo sentido para el acto de detenerme en las noches y tomar nota del brillo de una jornada. Cuidar y cuidarme; abrir la puerta y dejar que otros hagan lo mismo, por mí y por ellos mismos. Ellos, incluyendo a mi perra. 

lunes, 30 de mayo de 2022

Soledad habitada (199/365)

Una montaña de soledad a la que asciendo, una temporada tras otra, para divisar mejor el panorama, la vida o alguna cosa así. Camino conmigo, camino acompañada de mi perra, camino con un montón de personas adentro de mí. No es una soledad tan solitaria. Es una soledad habitada.

Es mi tiempo de silencio, de escuchar el parloteo de mi cursi corazón. Cierro las puertas y las ventanas, pero me dejo engañar, cada dos días o tres, por algún intruso que se aprovecha de mis sentimientos. Yo no sé decir que no. Entrego las llaves de la casa, mi cama y mi cuerpo incluidos, con la promesa de una noche en los brazos de alguien que me ama. Aunque no me ame. Aunque sienta alguna cosa pero no sea nada parecido al amor; no por lo menos al que yo siento. Está bien. Todo el que anda por ahí, sin encontrar reposo, merece pasar la noche en buen lugar. Mis brazos son un buen lugar; mi vientre es un buen lugar, la línea que dibuja mi boca cuando me río, también es un buen lugar. 

En la cima de silencio en la que me pierdo, hace frío algunas tardes y en otras me calcina la luz del sol. Así me la paso, huyendo de uno y de otro, huyendo de lo que quiero, de las preguntas, de las canciones. Mi montañita de tristeza a la que me gusta regresar. ¿Qué tal que un día no encuentre el camino de regreso? 

Allá es donde estoy cuando la gente no me encuentra. Siempre mis lamentos me delatan. Allá es en donde hago guarida, en donde puedo ser un animal recién nacido, un cachorro lleno de mugre entre las uñas. Allá, cubierta de pelo, me dejo revolcar por las criaturas de la tierra, me los como, ellos mordisquean mis patas traseras. Eso no se me nota cuando regreso, o eso espero. Pero yo lo recuerdo y por eso es que vuelvo y me trepo, vuelvo y me escondo allá, entre las grutas que hacen las piedras. Soledad habitada, le digo. 

domingo, 29 de mayo de 2022

Pequeña nota de amor para mí (198/365)

Si pudiera decirle algo a la persona que fui hace un año, justo antes de regresarme de Brasil y a la que fui hace cuatro años, justo antes de emprender ese viaje, esto sería lo que les diría:

Solo al permitirnos descubrir las partes horrorosas de nosotras mismas, vamos a empezar a sanar. 

Solo cuando podamos mirarnos al espejo, humilladas, dejadas de lado, sumidas en una tristeza que se nos pega de los huesos, solo entonces, vamos por fin a empezar a descubrir quiénes somos en realidad.

Pero esta noche, en esta noche cualquiera, una luz pequeñita se enciende dentro de nosotras. Cada momento en que ustedes resistieron, cada vez que se limpiaron los mocos para levantarse a comer y a hacer algún ejercicio, cada vez que tomaron el teléfono para pedir ayuda y recogieron del piso los condones usados envueltas en decepción y soledad, cada instante de esos en los que respiraron a pesar de todo, nos trajeron a esta alegría de ser lo que somos y de tener esta modesta vida, tecleando palabras, una tras otra, para completar ciento ocho páginas de puro amor. 

Me miro en el espejo y ahí las veo. El cabello tan diferente, los anhelos, las ilusiones de lo que sería la felicidad... me miro en el espejo y nos digo: increíble haber llegado hasta aquí. Nos digo: no hay otro corazón que prefiera para morar, que este corazón estropeado por las palabras bienintencionadas de mi padre, por mis intentos fallidos de ser cualquier otra cosa, por la distancia de lo que amo, por los excesos que me empujan fuera de mi centro. No hay otra casa, diferente de esta casa que se cae en pedazos, en la que yo quiera vivir. El sol de cada mañana colándose por los vidrios rotos de nuestro cuarto, revive el espíritu de Sísifo dentro de mí. Aprendo a ser dichosa y a levantar el desastre que he dejado la noche anterior, cada noche, cada mañana lo vuelvo a encontrar. Aprendo a ser dichosa. 

Escribí 44.999 palabras. Solo una más: gracias.

 


sábado, 28 de mayo de 2022

Bella vida de sábado (197/365)

Una alegría se trepa silenciosa por mi pierna y la sorprendo llegando a mi ombligo. La veo, pequeñita y discreta, la veo sonrojada por el esfuerzo. Llegaste hasta aquí, le digo. No sé de dónde saliste, añado.

Me la llevo caminando bajo el sol del medio día y recorremos la biblioteca buscando algo nuevo para leer. Nos decidimos por algo local, algo que, al parecer nos puede gustar. No somos nosotras las que elegimos los libros; son ellos los que nos eligen cuando es el momento adecuado. 

Tomamos el camino de regreso a casa, pero yo me arrepiento. Ella merece un poco más de la brisa fresca que se cuela por debajo de mi ropa. Nos vamos a mi café preferido a comernos el postre antes del almuerzo. La siento frente a mí. La miro. Le leo un pedacito del libro de Fernando Molano. Le gusta; nos gusta. 

Hago una foto de ese momento en donde ella sale radiante y se la envío a un hombre hermoso. Como pie de foto escribo: "Hay instantes que me reclaman, imperiosamente, tu presencia". Ella se ríe. Ella se acuerda del sabor de las palabras, de la vergüenza de ser así tan blandita, de ir siempre contra su voluntad de irse más lejos cada día. Siempre regresa a las palabras y a los hombres hermosos que, en su cuerpo, han sembrado palabras. 

Él no responde nada, bueno, casi nada. Pero no importa. Tengo una alegría pequeñita que hace casa en mi ombligo. Y verla ahí, en ese lugar contradictorio de sobrevivir y de ser arrancado de la vida, me recuerda que me gusta este momento y que ningún otro momento puede ser mejor o más bello; solo porque sí, porque sobrevivo y porque, si fui arrancada de una vida, de muchas vidas, es para inventarme esta otra vida, la que es tan dolorosamente bella en este último sábado de mayo. 

viernes, 27 de mayo de 2022

Otro libro (196/365)

Cada vez que termino de leer un libro, así sea uno flojo, me siento en paz con todo lo que soy.

Hoy, al terminar uno que no acabó de convencerme y que más bien me desinfló en la última página, volví a pensar: no necesito nada más. Por un breve momento volví a sentir que todo lo que me desagrada de mí, está perfectamente bien como está. Todo mi enojo reprimido, mi vergüenza, el desprecio que siento por mí algunos días, mis obsesiones, mi cobardía; todo eso está muy bien y coincide perfectamente con hacer parte de esta especie. 

Los libros me reconcilian con mis peores partes y, a la vez, llenan de luz mi humanidad que camina sintiéndose separada del resto del mundo. Pertenezco a un mundo diferente cada vez que llego al final de otro libro. Lo sé y sé que se me nota. 

Guardo silencio y dejo que la historia, que las palabras hagan efecto en mi propia historia. Así me construyo una guarida, una armadura; así voy desnudando mis anhelos y voy inventándome las partes de mí que todavía no soy capaz de mirar. 

jueves, 26 de mayo de 2022

Terminará (195/365)

En un mundo tan raro y tan absurdo, yo solo quiero un poco de paz.

Ya no persigo la felicidad, sólo quiero sentir la paz. 

Así que, tú ganas. Yo aquí me quedo.

Puedes decir, puedes murmurar, puedes incendiar las casas donde guardo mis cosas. Con ese fuego me caliento los pies y espero hasta que arda la última astilla de los cimientos. Ha de consumirse todo tarde o temprano; no tengo prisa, puedo sentarme a mirar y esperar. Ha de enfriarse todo tarde o temprano. 

Miro alrededor y todo en llamas. Me siento a esperar. Tarde o temprano ha de terminar.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Conquista (194/365)

Parece que la posición natural de mi cuerpo es estar reclinado sobre tu cuerpo.

Parece que la humedad que me mantiene viva proviene de tu lengua resbalando por mi cuello.

Parece que los juegos del placer se me confunden con los de amarte y me tortura sabernos tan absolutamente libres y tan dueños de nuestras heridas.

Te quedas dormido sosteniendo mi cintura y me esfuerzo todo lo que puedo por quedarme mirándote dormir, pero me duermo.

Detesto abrir los ojos presintiendo que te vas, pero no te vas.

Detesto entonces pensar que te quedas, porque no te quedas nunca.

Y esa es nuestra conquista.

Esa es mi libertad. Que me torture al mismo tiempo el placer y el amor que me mantienen a tu orilla. Que me parta en dos las ganas de que te quedes para siempre y de que siempre te vayas; las ganas de verte regresar hambriento de mi cuerpo y secretamente ansioso por mis dedos infantiles rozando tu frente. 

Voy de tu cuerpo a otro, de mi placer a otro, de un amor a todos los amores. Apuesto todo esperando poseerlo todo, pero me pierdo, incluso a mi misma, sin haber conquistado nada. Nada aparte de esta libertad amarga y transparente.

martes, 24 de mayo de 2022

Más tiempo (193/365)

Quiero domar el tiempo y enseñarle a hacer lo que yo quiero que haga. 

Quiero enseñarle a que, igual que yo, se desdoble sobre las cosas amadas. 

Quiero que haya más tiempo, para que haya mas de mí extendida, curiosa sobre las cosas del mundo. 

Quiero que me atraviese y me ilumine, cada segundo de esto tan breve. Deseo solo tiempo, un poquito más de tiempo. 

lunes, 23 de mayo de 2022

En un mar (192/365)

Uno no se ahoga en un mar pandito, pero puede llegar a enloquecer. Mirar en todas direcciones y no ver sino agua; no encontrar un lugar en donde guarecerse del sol; no encontrar agua fresca para beber. Sí, puede uno volverse loco, o morirse más lenta y dolorosamente. Morirse entre alucinaciones con la piel abierta y sangrante. 

¿De dónde se agarra uno para encontrar la dirección, estando así, parado en medio de un mar pandito?

Hay que aprender a leer el firmamento para, con algo de suerte, encontrar un camino de regreso al lugar del que uno, distraído, se ha alejado demasiado. 

Hay que aprender a leer el firmamento y a hacerle caso a la voz interior que advierte de los peligros. Hay que mantener el oído atento a las señales y no dejarse hipnotizar por los reflejos ilusorios del agua al mediodía. 

Quién fuera un marinero experimentado que ya es amigo de la soledad salina y del vierto cortante en la cara. Quién fuera sirena que canta para atraer la compañía de otros. Quién fuera monstruo marino que ha conquistado la oscuridad de lo profundo. 

Yo me siento apenas como una niña que va por primera vez a encontrarse con el océano y ha equivocado el camino. Soy el relato de un náufrago, una caricatura de vacaciones, un chiste de turistas extranjeros. Ya tengo la piel cuarteada y el sol aun no termina de ponerse. 

domingo, 22 de mayo de 2022

Quizás (191/365)

Hay alguien que a veces viene a pasar el fin de semana conmigo y cada vez que viene me enamora por completo. En su compañía puedo ser completamente yo misma e incluso puedo ser mucho más de lo que soy ahora. Mirarme en sus ojos me permite encogerme de hombros y decir: ¿por qué no?, quizás sea posible ir a donde nunca fui antes y ser todo lo que, secretamente, he deseado ser. 

Hoy, por ejemplo, hicimos un almuerzo simple y fresco. Verduras tiernas de la huerta de casa; todos los colores mezclados, un aderezo sobre el aguacate y nada más. Salimos y nos sentamos al sol, dejando que el viento enredara nuestro cabello. Comimos escuchando el viento atravesar el verde de las plantas que nos rodeaban mientras nos dejamos tostar por el sol de este medio día tan escaso y tan milagroso. Algo así; esa sensación de que la vida puede ser algo tranquilo, algo simple, algo que no requiere mayor explicación más allá de compartir las cosas que nos mantienen con vida. Eso es todo lo que he deseado ser y hacer.  

Dejo que el día se escurra poco a poco entre el espacio de nuestros cuerpos y nuestras consciencias de lo que no trasciende. Dejo que el azul luminoso se transforme en azul oscuridad y dejo que eso pase sin sentir nostalgia, ni remordimiento. Dejo que la casa se quede en silencio, que se quede vacía, que se cubra de polvo traído por el calor sobre el asfalto. Dejo que mi cuerpo vaya soltando la emoción del día y se vaya quedando tranquilo. Así, justo así quiero que sea el último día de todo. Una alegría se enciende en mi pecho y me siento enamorada. ¿Por qué no? quizá sea posible lo que nunca antes ha sido posible.